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lunes, 13 de abril de 2015

La leyenda de la yerba mate



De noche Yací, la luna, alumbra desde el cielo misionero las copas de los árboles y platea el agua de las cataratas. Eso es todo lo que conocía de la selva: los enormes torrentes y el colchón verde e ininterrumpido del follaje, que casi no deja pasar la luz. Muy de trecho en trecho, podía colarse en algún claro para espiar las orquídeas dormidas o el trabajo silencioso de las arañas. Pero Yací es curiosa y quiso ver por sí misma las maravillas de las que le hablaron el sol y las nubes: el tornasol de los picaflores, el encaje de los helechos y los picos brillantes de los tucanes.
Pero un día bajó a la tierra acompañado de Araí, la nube, y juntas, convertidas en muchachas, se pusieron a recorrer la selva. Era el mediodía y, el rumor de la selva las invadió, por eso era imposible que escucharan los pasos sigilosos del yaguareté que se acercaba, agazapado, listo para sorprenderlas, dispuesto a atacar. Pero en ese mismo instante una flecha disparada por un viejo cazador guaraní que venía siguiendo al tigre fue a clavarse en el costado del animal. La bestia rugió furiosa y se volvió hacia el lado del tirador, que se acercaba. Enfurecida, saltó sobre él abriendo su boca y sangrando por la herida pero, ante las muchachas paralizadas, una nueva flecha le atravesó el pecho.
En medio de la agonía del yaguareté, el indio creyó haber advertido a dos mujeres que escapaban, pero cuando finalmente el animal se quedó quieto no vio más que los árboles y más allá la oscuridad de la espesura.
Esa noche, acostado en su hamaca, el viejo tuvo un sueño extraordinario. Volvía a ver al yaguareté agazapado, volvía a verse a sí mismo tensando el arco, volvía a ver el pequeño claro y en él a dos mujeres de piel blanquísima y larguísima cabellera. Ellas parecían estar esperándolo y cuando estuvo a su lado Yací lo llamo por su nombre y le dijo:
- Yo soy Yací y ella es mi amiga Araí. Queremos darte las gracias por salvar nuestras vidas. Fuiste muy valiente, por eso voy a entregarte un premio y un secreto. Mañana, cuando despiertes, vas a encontrar ante tu puerta una planta nueva: llamada caá. Con sus hojas, tostadas y molidas, se prepara una infusión que acerca los corazones y ahuyenta la soledad. Es mi regalo para vos, tus hijos y los hijos de tus hijos...
Al día siguiente, al salir de la gran casa común que alberga a las familias guaraníes, lo primero que vieron el viejo y los demás miembros de su tevy fue una planta nueva de hojas brillantes y ovaladas que se erguía aquí y allá. El cazador siguió las instrucciones de Yací: no se olvidó de tostar las hojas y, una vez molidas, las colocó dentro de una calabacita hueca. Buscó una caña fina, vertió agua y probó la nueva bebida. El recipiente fue pasando de mano en mano: había nacido el mate.


viernes, 27 de marzo de 2015

Leyendas

En el proyecto con 3º B estamos trabajando diferentes leyendas de América y hoy comenzamos a ver 
La Leyenda de la Nahuala
Esta leyenda, es originaria de la ciudad de Puebla, de los ángeles, más o menos por los principios de los 1800, en ese tiempo la gente se pregunto si de verdad existió dicho personaje, pero que hasta en nuestros días, se habla de ellos.
En ese entonces, se hablo que había un viejo indio, que se trasformaba en perro, algunos decían que era lanudo, otros que era un pero negro como los Xoloitzcuintle,  que dicho perro se veía muy sucio, y que cuando lo veían correr sobre todo en los campos de cultivo, era porque iba a suceder algo catastrófico en dichos campos,
Se llego a decir que dicho indio, era un brujo, el cual era artidario del demonio que hacia trabajos sucios para perjudicar a la persona que para ello había sido contratado.
El caso, es que según se llego a saber, dicho hombrecillo vivió en la calle de la nahuala,  o del nahual, se le llamó así a dicha calle por lo que se sabía de dichos personajes, ya fuera hombre o mujer, el caso es que decía que ahí en esa calle, vivían los nahuales.
Referencia que se tiene por historiadores, se dice que los nahuales, eran o son seguidores de costumbres prehispánicas, igual se investigo que dichos personajes se ocultaban en cuevas.
Se dijo también que eran indios que se negaron a ser convertidos en cristianos y que por tal razón ellos preferían ofrecer ofrendas ya sea de comida, de animales y con eso pedían al demonio poder convertirse en animal, que en este caso era en perro.
En la ciudad de Puebla, México, aún existe la calle, la cual actualmente es la 7 norte y la 8 poniente.